El romántico Relato y la triste realidad

Es evidente –como ya lo había dicho con anterioridad- que no todos estamos en idéntica situación para afrontar la pandemia, que dejó de ser una preocupación estrictamente de la salud para convertirse en una mortificación por el devenir económico y la supervivencia.
La realidad es muy dura, y no para pocos. Cada quien la cuenta según le toca vivirla. Es más que evidente.
Algunos se vuelven místicos desde el confort y la seguridad de su hogar y otros quisieran ser adivinos para anticiparse a lo que pueda suceder mañana. No todos están en igualdad de condiciones.
Me preocupa que colegas (abogados) hayan recurrido a prestamistas usureros -vamos a llamarlos financieras porque suena más elegante-, para poder pagar los servicios (energía y agua) y el saldo de sus tarjetas de crédito.
Hay un endeudamiento colectivo. No de todos. Sí, de los que ejercen libremente sus profesiones y en este caso, la tarea abogadil.
Mientras tanto, el Poder Judicial sigue ajeno a la difícil problemática que nos atraviesa. En realidad, sigue distante a una situación que debería verlo más comprometido con el escenario que nos toca vivir y, no, sólo publicando descomedidas arengas.
La sociedad no funciona únicamente con eslóganes. Con lugares comunes. Es necesario que las palabras se materialicen en hechos concretos. Si no, son meras palabras vacías de contenido.
Se pregona la vigencia irrestricta de los mandatos constitucionales, de los principios y valores por ella consagrados donde se asienta la república democrática, a la vez que se consagra la desigualdad ante la Ley.
Claro, esto sólo puede decirse desde la tranquilidad que nos da el saber que a fin de mes, tendremos el sueldo depositado. Como todos los funcionarios. Como todos los empleados públicos. Mientras tanto, el Poder Judicial mantiene su inconmovible letargo.
Los peluqueros trabajan. También lo hacen los remises, los transportes de paquetería, casi todo el comercio, el correo oficial, los bancos, y es correcto que así sea porque lo necesitan. Sin embargo, no hay actividad tribunalicia. Según dicen, hacen “home office” con ostentosas fotos en las redes.
Los carteros sí pueden hacer actividad a domicilio, los chicos de los deliverys, también, y se implementó el take away (comida para llevar) pero los Oficiales de Justicia están eximidos de ella.
Los términos y audiencias se encuentran “suspendidos” y por más reclamos que hagan las instituciones que nos nuclean (Colegios de Abogados) y notas con cientos de firmas. Seguirán suspendidos hasta nuevo aviso. ¿Qué significa esto? Que todos los procesos judiciales están y seguirán paralizados. (Res.210/20 STJ Chaco).
Es obvio que el Poder Judicial no funciona como un Poder independiente. Espera lo que decide el Ejecutivo y actúa en consecuencia. Lamentable. Más aún cuando es el Poder encargado de impartir Justicia en una sociedad. Quien ejerce el control de constitucionalidad y evita los excesos. 
Peor todavía, estos prestamistas que están haciendo su pingüe negocio en esta crisis, como siempre ocurre, en las crisis. Luego, cuando el nivel de morosidad los supere recurrirán al aparato jurisdiccional para que les proporcione amparo. Amparo que les será otorgado por el generoso sentido que siempre constituyó su razón de ser y que ratifican públicamente.
Las financieras que hoy llenan las listas de despacho de los Juzgados Monitorios (los invito a verlas), serán las mismas que harán uso del servicio de justicia, quizás, cobrando de manera coactiva los créditos que se tomarán al calor del estado de necesidad. Tal vez, ejecutando a los propios trabajadores del derecho. Y, en su derecho, contemplado y albergado en nuestra Constitución. Esto sí es una gran ironía: El poder judicial indolente y las casas de préstamos a tope.
Sería un mero comentario baladí, pero encierra un tremendo drama. Es que al honorario profesional de los abogados se le ha conferido, por Ley, el carácter de alimentario. O sea, si no se puede trabajar no se puede ganar dignamente el sustento diario de una familia. Y no es problema del abogado, es problema del Poder Judicial.
De qué nos sirve el valor moral, político y jurídico del Preámbulo sino llevamos el pan a nuestras mesas. De qué sirve el derecho constitucional en su rol de garante de las libertades públicas y privadas si el Poder que debe aplicarlo y asegurar el mantenimiento de dichas garantías, se ha desactivado y, por ende, ¿nos ha dejado en desamparo?
Insisto en que es evidente que cada quien hace su relato según como atraviesa esta penuria. Pero no podemos tener una mirada tan romántica de la situación. La realidad es muy difícil y no estamos para frases de autoayuda.
Sólo se pide volver a poner en funcionamiento –con las precauciones del caso- el servicio de justicia, porque si hay un servicio que no puede detenerse es la posibilidad de impartir justicia.
Es, por lo menos, arcaico pensar que los jueces sólo hablan a través de sus sentencias. Hoy se los conoce, y deben explicar qué hacen y que están haciendo, ahora, en esta emergencia. Su función social es muy importante.
Deben demostrarnos que son conscientes del rol asumido y que están a la altura de las circunstancias.
por el Abogado Aldo Daniel Avila

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