BOCA CAMPEON DE LA SUPERLIGA ARGENTINA DE FUTBOL.

La reacción de Carlos Tevez, héroe de la noche en la Bombonera ante Gimnasia y Esgrima La Plata, cuando Facundo Tello dio el último pitazo, fue para guardar. El Apache tenía claro que el trabajo estaba hecho y que Boca acariciaba la Superliga si Atlético Tucumán continuaba haciéndole fuerza a River en el norte argentino. Pero la sorpresa de Carlitos dejó a las claras que al menos la mayoría de los jugadores xeneizes no tenían ni idea de qué estaba pasando en el estadio José Fierro.

Este fue un pedido expreso de Miguel Ángel Russo. ¿Tipo cabulero? Es probable, aunque también confiado en sus convicciones y accionar. “No tenemos que cambiar las formas que nos trajeron hasta acá”, había declarado el DT en la previa. Y a pesar de que su conjunto no exhibió su mejor versión desde que asumió el mando, él sí intentó mantenerse por la misma senda. La bajada de línea fue clara: “Nadie va a estar informando el minuto a minuto de Atlético Tucumán-River, pensamos en nosotros”. Ese fue el mensaje que bajó el cuerpo técnico.

Había que hacer los deberes y dejar los tres puntos en casa; y después sí esperar el traspié del archirrival. Lógicamente los jugadores xeneizes se percataron de que había buenas noticias en Tucumán cuando los cuatro costados de la cancha explotaron como si el de Javier Toledo hubiera sido un gol propio. Y también habrán visto de refilón en el entretiempo que el Millonario lo había igualado. Pero hasta el desenlace final no hubo información proveniente desde el banco de suplentes. Desenlace con suspenso made in Russo. Los únicos que siempre estuvieron al tanto del minuto a minuto fueron los no convocados (Carlos Izquierdoz, Leonardo Jara y Mauro Zárate, entre otros), que se quedaron viendo las alternativas de ambos encuentros en dos televisores dentro del vestuario. Comiéndose las uñas, insultando a las pantallas, descargándose y golpeando las paredes. Al final hubo final feliz.

Hubo tiempo para el deshoago y la explosión cuando acabaron los dos encuentros al unísono. Y quienes palparon el ambiente en primera persona por los pasillos que conectan el vestuario con el césped dieron cuenta de la algarabía que manejaban los integrantes del Consejo del Fútbol.

El Patrón Bermúdez, que se había jugado un pleno hace un par de días afirmando que “Boca va a terminar por encima de River” abrazó a cada jugador que se le cruzó por delante con la misma fuerza con la que trababa la pelota en su época como jugador. Marcelo Delgado salió a dúo con otro Chelo, Weigandt, y se prestó para las fotos de los fanáticos con una sonrisa de oreja a oreja. Y atrás de ellos salió Raúl Cascini, quien también llevaba la camiseta con la estrella número 69 y no escondió una lata de cerveza que fue saboreando hasta la salida. Sebastián Battaglia, entrenador de la Reserva y uno más de esta mesa chica, se notó conmovido más allá de ser el futbolista con más títulos de la historia del club.

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